Libro "Te Quiero Contar"
Estoy muy emocionada, a finales de este mes lanzamos el libro "Te Quiero Contar" en el que recogemos los cuentos de este blog y algunos inéditos.
El prologo está escrito con el desparpajo característico de "El Listo" que me a entregado un poco de su prosa maravillosa en forma de inducción.
Las ilustraciones son de mi señor padre y me llenan de orgullo al saber lo que siempre han significado para él y que las haya querido ceder para tan noble causa.
Ya esta todo listo para el lanzamiento y les iré contando como y cuando sera, por los pronto les dejo por aquí la portada del libro para que os hagáis una idea de lo que será este lanzamiento, por cierto la portada y la contra-portada del libro son diseñadas por aquel que roba mis suspiros y completa mi ser: David Amador Morales, y están llenas de su dulzura y su arte, yo lo de mi arte lo dejo para el señor roca que es el único que no me censura:


Satán me Invade
—En un juego de niños invoqué a Satán. Me preguntó: ¿Qué quieres hija mía?
—Apresuré a decir: “la paz del mundo, ser la madre Teresa de Calcuta”.
—Me contestó sin asombrarse: “¡ah! tú lo que quieres es trabajar para mí”.
—Me picó la curiosidad, solo quería hablar con mi bisabuela, y resulté hablando con el mismísimo Señor de los Infiernos:
—Teresa de Calcuta ¿trabajaba para ti?
—Ella, Walt Disney, las ONG, Intereconomía y todas las iglesias y cultos del mundo.
— ¿Cómo puede ser eso posible?
— ¿Cuándo has visto a un sano ir al médico? A mi sólo vienen los enfermos, los que tienen que lavar sus conciencias.
—Y Dios ¿qué dice de todo esto?
—Él juega su juego y yo el mío, está feliz creando maripositas y florecitas, enviándome nuevas almas para que yo las corrompa.
—Y al final de esta vida ¿qué hay?
—Qué importa lo que haya si ésta ya la has malgastado. Eso es lo que hace mi trabajo más fácil, que los humanos viven pendientes de lo que hay después y desperdician en mis manos lo que tienen ahora. ¿Después?, después está la nada.
—Entonces, ¿cómo se supone que debemos vivir?
— ¿Acaso me crees tonto? Si te lo digo crearás una nueva religión, No caigo dos veces en esa trampa… Jesucristo, Mahoma, Buda… demasiados me la han jugado ya.
—Lo que ellos decían, ¿era cierto?
—Sigue intentándolo, no caeré.
— ¿Cuál es tu última tentación?
—Un pedazo de torta de chocolate.
— ¿Chocolate?
— ¿Con qué crees que tenté a Eva?, ¿Manzanas?, ¡PAMPLINAS! El chocolate es químicamente mejor que una manzana, mejor que el sexo.
—No más chocolate para mí.
—Eso. Cae, cae…
— ¿Qué quieres decir?
—Si no comes chocolate, si te dejas llevar por mí, estarás tentada a desperdiciar tu vida.
—Y ¿cómo no desperdiciarla? Es muy fácil dejarla ir.
—Instintos. Básicos o no, siempre aciertan.
— ¿Dónde vas? Tenemos mucho que hablar.
—Acabo de salvar tu alma, ¿aún quieres seguir hablando?
—Sí
—La perderás.
—Adiós.
Malditas Hadas
Érase una vez… ¡No! Que las hadas de este cuento son tan perversas como diminutas. Me han costado caro y ahora repito sin parar “no creo en las hadas”… a ver si en la tierra de “Nunca Jamás” mueren todas… las puñeteras.
Soy una simple princesa, vivo en el diminuto reino de Tonichs, recorro a diario sus verdes llanuras, de lado a lado, y no demoro más de una hora en dar la vuelta a todo mi territorio. Es tan pequeño que su montaña más grande no es más que un cúmulo de tierra.
Pero es tan pequeño como hermoso, y con tantas riquezas que nos toca alquilar dos o tres reinos vecinos para poder guardar nuestros tesoros. En definitiva, soy la princesa de tres o cuatro reinos, aunque algunos de ellos sean alquilados. Aunque los tenga que pagar de mi bolsillo.
No soy una princesa de un cuento de hadas, porque éstas me maldijeron al nacer. Mi padre no quiso pagarles tributo, dejarles que me criaran. Ahora en vez de hada madrina tengo hada mezquina, cada lágrima que he derramado ella la ha guardado para enjuagar sus manos y maldecirme diez mil veces más.
Mi castillo y sus millares de salones están forrados de lujos. Mi príncipe no es azul, es lila, como mi color favorito. Mi pueblo me ama y venera más que a una diosa.
Aún así, todo me ha costado sacrificios y faenas. He tenido que vencer, con mi espada más afilada, a mis enemigos: culebras, chepitos[1], dragones y cobradores del frac. Dar de comer a mi pueblo no ha sido una misión sencilla. Todos son celíacos y si me equivoco en las dietas se diezma la población del reino. Eso hace que tenga que trabajar el doble para que ninguno de los que sobreviven se vea cargado con más trabajo del que pueda realizar. Mi agenda se ve abarrotada de fiestas y bailes a los que asisto esplendorosa y radiante, sin importar que dos minutos antes haya estado sacando patatas de la tierra.
Frías y malvadas, las hadas buenas no existen. Si existieran mi vida sería solo luz y color, como se ven en las películas de un tal señor Walt, que no es más que un cretino que creó una imagen de las princesas tan idílica que a mí no ha hecho más que maldecirme y traerme desgracias. Cuando lo descongelen vuelvo a apuñalarlo con mi espada más afilada: la palabra.
[1] chepitos - (en Colombia) cobradores de deudas vencidas
Detente
No te muevas tan rápido, me canso, no puedo seguir tu ritmo. Dame un respiro, creo que me ahogo y caigo aquí mismo.
Déjame bajarme, me llevas a toda. No hace nada estaba jugando en el terrario de aquel colegio tan humillante y ahora escribo palabras acumuladas en mis dedos. Tú vas rodando, te mueves tan aprisa que los días se me agolpan, me destruyes, ¿lo sabías?
Giras, giras, me mareas, en un momento hago planes y las fechas me vencen, sonrío, río, saco carcajadas de mi tórax y tú das una vuelta… y ahora tengo que llorar.
Veo cadáveres flotando mientras lavo mis pies en el río. Me sorprende la corriente de ese río, me hipnotiza… soy incapaz de levantar la mirada y ver mi reflejo, amplio, dulce, luminoso. He dejado mi brillo de lado y tú no te has detenido.
Calma, no corras, vas muy aprisa. Mis días son años y mis años no llegarán a ser un siglo. Se me acaba, te me acabas, te gastas.
Yo me bajo aquí, tú recorre tu órbita, rueda sobre ti misma, no eres más que una egocéntrica, que desprecias al sol que te dio la vida. La vida que no adquiriste al nacer, la vida que te di yo al existir. Muere, que tú también te gastas, invencible, y muy poco a poco.
Caminos por recorrer
Ella recorre sola un camino sin alma, que la lleva al fin de todo, que no a la nada. Conduce su vida en busca de un significado más puro que el solo existir.
Sus cejas delinean perfectamente la frontera entre su frente llena de ideas y sus ojos delatores, verdes y profundos, separados por una nariz afilada en el arte de converger en una boca dulce y prudente, que esconde secretos inconfesables y vacuos.
No puedo acercarme más, sería traspasar la barrera de lo físico y lo natural. He estado dentro de ella y no he podido evitar el sucio desenlace de mis fluidos en su cuerpo. La he manchado y ahora ya no es tan pura como cuando la encontré.
Su vida se derritió cuando su frágil cuello se desgarró, crujió con la fuerza de mis manos. No fue fácil, era tan delicado que casi se me escurría entre los dedos, pero lo tomé con determinación y lo dejé partir a ese camino que ahora recorre, sin alma, porque ahora me pertenece. He sido yo quien se la he robado y soy yo el único dueño de ese lánguido y puro suspiro que llamamos alma. Su inocencia la robé luego, cuando mis arcaicos y corrompidos instintos me llevaron dentro de ella.
¿Qué como la encontré? Corría en el parque, sus escasos catorce años no fueron impedimento para mí. Su adolescencia rebelde fue mi arma, no tuve que amenazarla, solo me valí de mi apariencia débil y mis aires, también rebeldes. Cayó en mi trampa y es ahora cuando yo me arrepiento, sabía a lo que jugaba… y ella solo fue una presa con la que jugué. No soportaré mi consciencia, no tengo. Y los hombres me han de juzgar. Ya he llamado a la justicia que pronto se ensañará conmigo, lavando sus manos y negando su responsabilidad. Yo he matado a una niña de catorce años, he violado su cuerpo asfixiado pero ellos, ustedes, me han permitido, me han animado a hacerlo, han sido mis cómplices, mis observadores inmutables, son ustedes, oh corruptas almas, las que me entregan a la muerte física cuando hace años, morí por vuestras armas, entre vuestras mentes corruptas.
Miserias de ti, miserable de mí.
Eres egoísta, ruin, desprecias a todos y a todo, nunca es suficiente para ti lo que hagamos los demás por ti, te alimentamos, te proveemos y sigues creyendo que no es suficiente, que te debemos algo más, algo que jamás podremos alcanzar, bien porque nunca nos has dicho lo que es o porque ni tú misma lo sabes.
Eres una blasfemia a ese tu dios todopoderoso y misericordioso, misericordia que tú no alcanzarás porque tampoco alcanzamos la tuya quienes estamos a tus pies. Te has convencido de ser una semidiosa, un ángel, un ser superior a todos los mortales, y nos juzgas implacablemente por el solo hecho de respirar.
Te debemos algo más que la vida, y tu descendencia (que también te sufre) imita tus conductas, consciente o inconscientemente, sin cortar con un clico atávico del cual tú sólo eres una escasa pieza. Esto ya ha ocurrido y volverá a ocurrir.
Tus miserias las limpias en las consciencias ajenas, nos humillas, maltratas y consideras que tu mierda es un manjar, una honra para quienes malditamente hemos estado en el mismo instante espacio-temporal.
Huye de tu cuerpo fofo y asqueroso, de tus efluvios repugnantes y acaba con tu repulsiva vida. Lamemos tus heridas y corremos a tu lado cuando crees que te vas, Y NUNCA TE VAS… Misericordia, ¿conoces esa palabra?
Tu cuerpo es el descanso de todas las miserias humanas, fundes en ti tanto resentimiento y tanto dolor que sólo ladras lo que deberías maullar.
No eres más que una gata repugnante que te das ínfulas de perra cuando somos nosotros quienes al final decidiremos tu final. ¡A la zoonosis que vas!
Rubita Tonta
Estoy cansada, todo me pesa, siento ese taladro penetrando mi cabeza, mi cuerpo se siente pesado, me cuesta moverme y todo es espeso a mi alrededor. Esta tumba de cemento en la que me encuentro no es más que un habitáculo estrecho y pequeño reservado para quienes como yo hemos decidido quebrantar la ley, vivir al filo de lo legal y pasar más allá. No he hecho nada grave, tomé prestado algo que luego me negué a devolver, un dinero que hubiese sido malgastado en lujos banales y excentricidades propias de la más baja clase; yo en cambio lo use para vivir, para subsistir, para malvivir en un lugar infecto mucho peor que éste pero en el que era libre. Ahora comparto, esto que a lado de aquella habitación es un palacio, con una asesina en serie que se dedicó a acabar sistemáticamente a una especie en vías de extinción: las rubias inteligentes. Llego lejos en su afán por exterminarlas a todas, tanto así que las convirtió en un mito, en una clase de diosa mitológica que ve como su color de cabello va oscureciendo a medida que sus ideas van aumentando, hasta ser “castaña clara” y no rubia natural. Obligó a que algunas morenas, en su afán de suicidarse asistidamente o haciendo gala de su nula inteligencia, decidiesen ser rubias de bote, lo que llevo a mi compañera a una dicotomía, que resolvió de la manera más lógica conocida por el ser humano: a las rubias de bote no las mató, simplemente, las torturó hasta que el sufrimiento fue tal que la muerte les sobrevino como un resultado menos doloroso.
¿Qué habría sido de mí sí me hubiese encontrado con ella fuera de esta celda? Soy rubia natural (castaña clara) pero como medida preventiva a los chistes decidí con 13 años teñir mis lacios cabellos del rojo más intenso posible, para así no despertar sospechas y tampoco decantarme por la obviedad de la morena cabellera que tampoco garantizaba la inteligencia absoluta. No dudo que habría pasado desapercibida a su pervertida mente, pero su instinto asesino hubiera dado conmigo tarde o temprano y sin dilación alguna hubiese empezado mi caza hasta el punto de no retorno; donde les contaba sus verdaderas motivaciones y el porqué se había cebado con esta clase de mujeres y no con alguna otra tan merecedora de esa suerte, como las putas del alma o las arpías psicópatas.
No sé si el golpe que he recibido me ha hecho divagar, o es sólo que alucino, pero la escucho susurrándome al oído:
—De mí no te vas a escapar, yo sé quién eres “rubita”, sé que llevas años escondiéndote tras esa tintura roja, los mismos que llevo yo tras de ti, pero un golpe de suerte te trajo hasta mí y es ahora cuando podré liberarme, te busqué en otras pero ninguna era tan inteligente, guapa, dulce y buena. Ahora que te tengo no te dejaré ir, vas a morir entre horribles sufrimientos, eres mía, eres mía…
No lo aguanto más, le veo sus ojos inyectados de una masa viscosa: sangre y odio. No puedo evitarlo, necesito saber quién es, por qué me busca, — ¿por qué a mí? —, espeto sin darme cuenta. Su respuesta lo aclara todo, la liberación será para ambas, pues he sentido como me abandono a mi suerte segura:
—Porque hace años, cuando ibas al colegio vi tu decadencia, vi como sacrificabas tu talento con tal de ser aceptada, perdiste un concurso de sinónimos cuando estaba claro lo hubieses podido ganar sin esfuerzo. Te tuve entre ojos mucho tiempo. Vi todos tus esfuerzos vanos por encajar en un puzle que no tenía sentido. No eras una ficha de puzle, eras la reina en ajedrez. Ya te tenía en la mira, me iba a acercar a ti: la rubia, alta, guapa, buena y dulce, pero te perdí la pista, en tu lugar llegó una pelirroja que empezó a encajar y buscándote me he pasado la vida desde los 12 años, asesinando rubias inteligentes que no merecen vivir, que se dejan seducir por la vanalidad, por el encajar y tontas morenas que se tiñe de rubias para sobre salir… pero ya te encontré y ahora eres mía… eres mía… eres mía…



